Embarcadero Turístico - Foto Tesis Daniel Aguiar
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El embarcadero turístico, joya olvidada al borde del río

Fundación de Girardot

Cuando los fundadores Remón Bueno y José Triana, en 1844, donaron los terrenos para la construcción de una parroquia, y más tarde otros donde se desarrollo el poblado. vieron en esta orilla del río Magdalena una joya. Así soñaron lo que hoy es nuestra patria chica.

Este territorio ubicado en el sitio conocido como el paso de Montero — luego La Chivatera—, inicialmente fue habitado por los Panches y se recononce el 9 de octubre de 1852 como fecha de fundación de Girardot, nombre dado en honor al héroe del Bárbula.

Años Dorados

En 1880 inició la época dorada de la ciudad con la navegación fluvial que convirtió a Girardot en el puerto comercial del corazón del país; por estas aguas navegaron vapores hasta 1930.

Braceros y barcos de vapor - Foto Benítez
Braceros y barcos de Vapor en el Puerto de los Guamos – Foto Girardot en 1930 de Esteban Benítez-Bretón

En 1881 se inicia la construcción del Ferrocarril de Girardot, que la unió con Facatativá y, después de muchos avatares y hechos de corrupción, se concluye en 1909. dando impulso a la ciudad hasta 1950., cuando fue incorporado a los Ferrocarriles Nacionales. Sus días de gloria terminarían hacia 1970. El puente férreo, inaugurado en 1930, se convertiría en un ícono de la ciudad.

Portada del libro Girardot en 1930 de-Enrique Estévez-Bretón
Embarcadero
Portada del libro de Enrique Estévez-Bretón

Con la llegada del hidroavión «Colombia» el 19 de octubre de 1920, se inicia la aviación comercial en Colombia. Aquel día, Girardot fue punto de encuentro de personalidades destacadas de la época, entre ellas ministros, el embajador alemán, autoridades locales y personajes humildes que vivían del río. Girardot, junto con sus vecinos Flandes y Ricaurte, recibieron aeronaves durante 19 años.

Estampilla-Historia-de-la-Aviacion-Colombiana.jpg
Estampilla Conmemorativa

La providencia y la ubicación estratégica hicieron de Girardot un poderoso enclave, que se alzó como la ciudad intermedia más importante del país. Se crearon industrias de construcción, trilladoras de café y maíz, fábricas de gaseosa y de hielo.

Tal era la importancia de la ciudad, que luego del incendio de la antigua plaza de mercado, fue encargado el arquitecto alemán Leopoldo Rother para diseñar y construir una nueva, digna del nivel que Girardot había alcanzado hacia mediados del siglo XX.

Trilladora Grace - Foto Estévez-Bretón

Pero así como la ciudad surgió por un azar del destino, también el sino trajo el declive. La decadencia de la navegación a vapor vencida por el ferrocarril hizo que todo se fuera derrumbando como un castillo de naipes. Desde entonces, Girardot dejó de ser una joya a la orilla del río, y la agitada vida ribereña se desvaneció.

Embarcadero Turístico de Girardot

En 1947 comenzó a hablarse de la importancia de transformar la orilla del río con una visión turística. Se proyectó construir un malecón desde el puente férreo hasta la plaza, en una época en la que todavía no existía el puente Ospina. Estos esfuerzos culminarían con la construcción del Embarcadero Turístico de Girardot en la década de 1960, que fue durante años símbolo de proyección y desarrollo regional.

Sin embargo, esta joya fluvial que alguna vez representó el esplendor de Girardot, hoy permanece olvidada. El embarcadero turístico, que simbolizó la esperanza de un turismo fluvial vibrante y sostenible, ha dejado de ser parte del imaginario colectivo de la ciudad. Hemos perdido la conexión con nuestro río, con su historia, con su potencial. Solo permanece anclado la Barca del Capitán Rozo cuyos dueños se niegan a abandonar el río.

Hoy más que nunca, necesitamos recuperar la memoria y reconectarnos con el río que nos vio nacer. Recuperar el embarcadero turístico no es un sueño nostálgico, es una oportunidad para reconectar con lo que fuimos y proyectar lo que queremos ser. ¿Cuándo volvemos la mirada al río?

¿Y si hablamos bien de Girardot?

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4 comentarios

  1. Que buena crónica Alfonso. Como con tantas cosas que marcaron nuestras vidas y las de nuestros predecesores en nuestra querida ciudad, no puede evitarse la nostalgia. Alcancé a vivir distintas alegrías de ese icónico lugar de Girardot, llamado siempre por mi abuelita, el Puerto de los Guamos. Era el lugar de las grandes fiestas con Los Hispanos, Los Graduados, Los Melódicos, La Billo’s y otros grandes grupos musicales. Mención especial a los paseos a la Isla del Sol, baile y buena comida en la lancha del Capitán Rozo. Saliendo del entorno de la nostalgia, el Embarcadero Turístico podría ser el foco del renacimiento del gran proyecto del Malecón del Río, que daría a nuestra ciudad el empuje para salir del marasmo y el estancamiento al que distintas administraciones la han llevado.

    1. Mario, muchas gracias por tu comentario lleno de memoria, emoción y visión. El “Puerto de los Guamos” evoca no solo recuerdos personales, sino el alma de una ciudad que alguna vez supo vibrar con la música, el río y la alegría compartida.
      Menciones como la de Los Melódicos, La Billo’s o los paseos a la Isla del Sol nos recuerdan que Girardot fue un referente turístico nacional.
      Y tienes razón: el Embarcadero Turístico no debe quedarse como postal del pasado. Podría convertirse en la chispa para un proyecto más ambicioso, el Malecón del Río, que convoque a toda la ciudadanía a soñar de nuevo con una ciudad que merece más.
      Gracias por sumar tu voz al propósito de Hablemos bien de Girardot.

  2. La proyección de un malecón sobre la ribera del rio Magdalena depende fundamentalmente de una modificación específica del POT que deberá ser concertada con la autoridad ambiental ya que a partir de las directrices ambientales se deben considerar los programas y proyectos de reubicacion de edificaciones que hoy invaden la ronda del rio como espacio público y las franjas de retiro indispensables para el proyecto del malecón.

    1. Es cierto, Juan Pablo, que cualquier proyecto serio sobre un malecón ribereño requiere una visión integral del territorio, en la que se tenga en cuenta la recuperación del espacio público, la reubicación de las construcciones que hoy ocupan la ronda del río y la delimitación de franjas adecuadas para su desarrollo.
      La idea de un malecón no puede quedarse en lo estético o turístico: implica decisiones de planificación, voluntad política y compromiso técnico que aseguren que la ciudad vuelva a mirar el río como fuente de vida y oportunidad.
      Desde Girardot es Virtual seguiremos impulsando el debate público informado, para que la ciudadanía participe, opine y exija claridad sobre los estudios, planes y proyectos que podrían devolverle a Girardot su lugar junto al Magdalena.