174 años: Historia de Girardot

Historia de Girardot: El Origen de un Puerto Radical Nacido en 1852

Hoy, al celebrar los 174 años de fundación de Girardot, queremos hacer un profundo homenaje a los pioneros que hicieron posible esta bella ciudad asentada a orillas del majestuoso río Magdalena en tierra Panche. Para comprender su grandeza, debemos viajar en el tiempo a una de las épocas más convulsas de nuestra nación.

Transcurría el año 1852. El presidente de la República, José Hilario López, impulsaba cambios drásticos en la vida de la Nueva Granada. Sin duda, la transformación más importante y con mayor impacto social fue la entrada en vigencia de la abolición definitiva de la esclavitud en enero de ese año.

Meses más tarde, en mayo, el Congreso decretaba una reforma territorial radical: la antigua Provincia de Bogotá se dividía en cuatro provincias independientes: Bogotá, Cundinamarca, Zipaquirá y Tequendama. Bajo este panorama de descentralización y vientos de cambio, nacería un nuevo eje comercial en el país.

El Nacimiento de un Municipio con Nombre Laico y Republicano

Girardot fue el nombre escogido por las autoridades provinciales. Al tratarse de un célebre héroe nacional y prócer de la Independencia, se adoptaba intencionalmente un nombre laico. Con esta decisión, el naciente poblado se desvinculaba de la tradicional hegemonía religiosa católico-colonial que bautizaba a las poblaciones con nombres de santos.

Es mediante la Ordenanza No. 20 del 9 de octubre de 1852 que la Cámara Provincial del Tequendama oficializó la creación del municipio. Los límites jurídicos se fijaron sobre los terrenos que habían sido donados por los terratenientes Ramón Bueno y José Triana el 10 de febrero de 1844. Este suelo, conocido originalmente por los lugareños como «La Chivatera» o «El Paso de Flandes», ya presentaba un movimiento comercial rudimentario pero estratégico. Su primer alcalde asignado fue don Claudio Clavijo.

Los ‘Gólgotas’ y el Sueño del Libre Cambio en el Río Magdalena

Hay que resaltar que, desde sus albores en la antigua tierra de los indígenas Panches, este terruño tenía un futuro halagüeño. La población se parió en una época de grandes transformaciones ideológicas bajo la égida de los liberales radicales, conocidos popularmente en la historia como los “Gólgotas”.

Esta facción política se caracterizaba por su defensa irrestricta del libre cambio, el laicismo extremo y la drástica reducción del papel del Estado en la economía. Para los Gólgotas, el transporte fluvial por el río Magdalena era el motor definitivo de la economía nacional; Girardot estaba destinada a convertirse en su puerto principal del interior.

De la Paz Comercial al Corredor Militar en la Guerra Civil de 1854

La estabilidad del nuevo municipio duró muy poco. Apenas dos años después de su fundación, en abril de 1854, el general José María Melo dio un golpe de Estado en Bogotá e impuso alcaldes militares en las regiones, dando inicio a la cruenta guerra civil de 1854.

Girardot mutó drásticamente en cuestión de días. Dejó de ser un asentamiento civil de intercambio de mercancías hacia la capital para transformarse en un corredor militar estratégico. Las fuerzas constitucionales legitimistas y las tropas golpistas se disputaron el control de sus aguas para el tránsito de soldados, armamento y suministros.

Al ser derrotada la dictadura de Melo a finales de ese año y restaurarse el hilo constitucional del país, la población civil renació más fortalecida. El conflicto bélico le demostró a la élite andina la urgencia e importancia geopolítica de proteger este puerto sobre el río como el eje material de las reformas que dictaba la Constitución de 1853.

La Mano de Obra Asalariada: El Motor Humano de ‘La Chivatera’

Con el fin de la esclavitud, nació una nueva e inmensa fuente de mano de obra que llegó para transformar por completo el poblado. Los nuevos trabajadores asalariados de la región encontraron una oportunidad real de sustento en este rincón del río. Cientos de afrodescendientes e indígenas libres se asentaron en el territorio y se convirtieron en los vitales bogas, cargueros, estibadores y constructores del puerto fluvial.

En un lapso de tan solo 25 años, Girardot pasó de ser una humilde hilera de chozas de bahareque y techos de paja —ubicadas en el sector del actual Camellón del Comercio— a consolidar un diseño urbano en cuadrícula. Se levantaron imponentes casonas de dos pisos con amplios balcones, sólidas estructuras de madera y tejas de barro.

Este primer centro urbano se edificó alrededor del actual Parque de la Constitución, lugar donde se erigió la primera parroquia de San Miguel y donde funcionaba activamente el mercado público, extendiéndose de manera progresiva hacia lo que hoy conocemos como el Parque de Bolívar.

Un Enclave Cosmopolita que Desplazó al Puerto de Honda

A la par de esta evolución urbana, llegaron a la población familias acaudaladas provenientes de Bogotá, de la vecina Tocaima e incluso inversionistas extranjeros. Estos visionarios compraron los solares disponibles y se constituyeron en los primeros videntes del potencial logístico de este suelo.

Girardot se convirtió de inmediato en el principal centro de acopio de tabaco y añil producido en el Alto Magdalena. Estos valiosos productos eran transportados río abajo en champanes y balsas artesanales hasta el puerto de Honda. Con el establecimiento definitivo de casas comerciales nacionales e internacionales, la vida en el municipio adquirió un carácter dinámico, comercial y cosmopolita.

Finalmente, en el año 1880, la llegada regularizada de los grandes barcos a vapor le dio el impulso definitivo e irreversible al crecimiento de Girardot. La economía del país comenzó a girar en torno a la exportación del café producido en las haciendas de Cundinamarca y el Tolima. Al centralizar este flujo logístico a través de sus muelles, Girardot le arrebató el liderazgo portuario a Honda, consolidándose para siempre como la gran puerta comercial del interior de Colombia.

Esta historia continuará…

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2 comentarios

  1. Felicitaciones al periódico “Girardot es Virtual” y a su director Alfonso Garavito por este inicio de narrativa histórica que nos da a conocer el valor cultural que tiene nuestra ciudad, el reconocer de dónde viene nuestra identidad, exaltar y dignificar la mano de obra asalariada tras la abolición de la esclavitud. Esperamos seguir leyendo la historia de esta manera amena.
    Martha Cecilia Aragón
    Ciudadana girardoteña