El «incendio» político de los Bomberos de Girardot

El «incendio» político de los Bomberos de Girardot: la persecución al mérito

Hace muchos años no entraba al Cuerpo Oficial de Bomberos de Girardot. Mi visita no fue casual; me motivó una historia asombrosa: tres hermanos de una misma familia lograron ganar el exigente concurso de méritos nacional y hoy visten con orgullo el uniforme en la estación.

Sin embargo, en lugar de ser un ejemplo local, el alcalde ha usado este logro para lanzar una grave acusación, afirmando públicamente que esta familia «se quiere adueñar del cuerpo oficial».

Al llegar al cuartel, un gran perro negro me recibió en la entrada y se alejó lentamente hacia los patios. En la recepción conversé con César Fontalvo, uno de los tres hermanos. Me pareció un hombre joven, aplomado y muy conocedor de su oficio. Me confirmó la dura realidad: en la institución solo trabajan nueve bomberos de planta para cubrir toda la ciudad. Esa noche, apenas tres hombres Cesar, Germán Perez y Jommy Guzman eran los responsables de custodiar a los 150.000 habitantes de Girardot.

Una matemática suicida con turnos extenuantes

La realidad operativa nos golpeó de frente al revisar la minuta de guardia. De los nueve bomberos de la planta, dos arrastran incapacidades médicas en actos de servicio. Al final de la suma, solo siete bomberos quedan en pie para proteger a todo el municipio.

Esta es una matemática suicida que los obliga a mantener un extenuante turno de 24 horas de trabajo por 24 de descanso. El déficit es tan grave que la estación se ve forzada a despachar una máquina de incendios con solo dos tripulantes a bordo, mientras un tercero aguarda al volante de otro vehículo, cruzando los dedos para que el teléfono no vuelva a sonar. Al ocurrir una segunda emergencia en simultáneo, la ciudad queda oficialmente desamparada como en el caso del incendio en el Coliseo de Ferias, en donde además son apoyados por voluntarios.

Al finalizar la visita se presenta un conato de oncendio en el Luis Carlos Galan y salen a atenderlo quedando de guardia unicamente Cesar, en esta época de incendios han tenido que salir los tres bomberos en dos equipos y dejar sola la estación.

Presupuestos millonarios en el papel y topes en el cuartel

Ante la crisis, la pregunta es obligatoria: ¿Por qué la administración insiste en mantener una nómina esquelética que desgasta al personal? El último informe financiero de Prodesarrollo revela que el presupuesto anual para horas extras y recargos es gigantesco. Con ese dinero que hoy se quema pagando el cansancio de unos pocos, la entidad podría financiar de inmediato la contratación de nueve bomberos adicionales de planta con todas sus prestaciones de ley.

Sin embargo, al confrontar los balances con los uniformados, la verdad es otra. «Nos reconocen un valor fijo de horas extras al mes; de ahí en adelante todo el tiempo trabajado lo perdemos», confiesa un bombero bajo anonimato. Mientras los libros oficiales descargan millones argumentando el costo de los turnos, los bomberos aseguran que su pago real está topado administrativamente, mientras una fortuna de la Sobretasa Bomberil duerme plácidamente en los bancos sin ser ejecutada.

Uniformes rotos y máquinas varadas en medio de la abundancia

El verdadero drama de los siete bomberos activos no se mide solo en la escasez de hombres, sino en la calidad de la tela que viste sus cuerpos. Las chaquetas y pantalones del cuartel lucen viejos, desteñidos y ya perdieron sus propiedades ignífugas, convirtiéndose en trampas térmicas ante el fuego. Además, la estación solo cuenta con tres equipos de respiración, y recargarlos tras un incendio es una odisea burocrática.

Mientras ellos entran al humo desprotegidos, los libros contables custodian un secreto indignante: el rubro para equipamiento de emergencias está lleno de recursos ciudadanos, pero su ejecución real marca un absoluto cero.

Lo mismo ocurre con la infraestructura. Los dormitorios de la guardia, ubicados sobre el patio de vehículos, se encuentran en total estado de abandono. Hay millones guardados para adecuar la estación, pero la ejecución sigue congelada bajo la excusa de que el lote no está a nombre de la corporación. En el patio, las imponentes máquinas oficiales languidecen por sistemas hidráulicos vencidos y repuestos que nunca llegan. La plata para mantenimiento y para la Gestión del Riesgo existe y sobra en las cuentas bancarias, pero prefieren ver los fondos acumular intereses mientras los bomberos operan con las uñas.

El despropósito de acabar con el Cuerpo Oficial de Bomberos de Girardot

Para camuflar esta alarmante parálisis y justificar la persecución al mérito de los tres hermanos que ganaron su plaza en franca lid, el alcalde ha lanzado la propuesta de marchitar el Cuerpo Oficial para reemplazarlo por uno de voluntarios.

Pretender desmantelar una institución pública de carrera para delegar la seguridad en la buena voluntad de un organismo privado no solo viola la ley de bomberos en Colombia, sino que es una falacia financiera. Los balances demuestran que la crisis de Girardot no ocurre por falta de presupuesto o por pobreza de las arcas municipales; ocurre por la incapacidad de ejecutar los recursos que los ciudadanos ya pagaron en sus impuestos.

Reemplazar el escudo oficial por uno voluntario no apagará el incendio de la negligencia local. Con el dinero que hoy duerme retenido en el banco, Girardot no necesita buscar voluntarios en las calles. Lo único que requiere es la decencia política de comprar uniformes certificados, reparar los camiones varados y contratar los brazos que hacen falta.

Jugar con el cansancio de los bomberos y atacar a quienes ganaron su puesto por mérito es, en el fondo, jugar con la vida de toda la comunidad. Sostener este esquema no es austeridad; es una ruleta rusa donde la seguridad ciudadana se convirtió en un lamentable acto de fe

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