La mala hora en Girardot

La mala hora del progreso en Girardot

Como si viviéramos “La mala hora” en Girardot

En La mala hora, Gabriel García Márquez retrata un pueblo sumido en rumores, silencios cómplices y verdades a medias. Algo similar parece vivir Girardot bajo la administración del alcalde Salomón Said, quien maneja la información pública con una constancia que, por decir lo menos, no resiste el escrutinio de los hechos.

La Plaza de Mercado Leopoldo Rother: símbolo de la contradicción

La Plaza de Mercado Leopoldo Rother es el ejemplo más palpable. Mientras el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) establece lineamientos claros, el alcalde parece tratarlo como un documento más en el archivo. En cada intervención pública asegura que todo avanza “a las mil maravillas”.

Plaza de Girardot - Incertidumbre Nubla el Ambiente

Pero la realidad desmiente el discurso:

  • Se modifica el objeto social de la empresa Ser Regionales, ignorando lo que manda la norma y convirtiéndola, de hecho, en una inmobiliaria.
  • Se omite el Proyecto Estructurante 2, que reconoce el papel social de los vendedores ambulantes y sus familias.
  • Y cuando aparece un aviso de licencia de construcción, nada se dice de planeación.

Sacúdete CREA: avance en el discurso, atraso en la realidad

El proyecto Sacúdete CREA sigue la misma línea. Tras la visita del viceministro del Interior, Jaime Berdugo, se presentó como la obra que “transformará espacios y oportunidades”. Said afirma que lleva un 92,40 % de avance, pero basta un recorrido por la zona para comprobar que ese porcentaje parece más producto de la retórica que de la realidad física.

La mala hora en Girardot - Foto Sacúdete 3 tomada por alega

Sobre la siniestralidad del contrato, silencio total. Sobre el avance real, un discurso que se sostiene más en el entusiasmo que en el concreto.

El parque lineal y otras obras que no avanzan

El parque lineal, por su parte, sigue sin destino claro. Las esculturas, en lugar de exhibirse, peregrinan por bodegas. Y las inversiones, en vez de ejecutarse, parecen destinadas a perderse en el tiempo.

La mal hora en Girardot. Parque Lineal 2

La “unidad de mantenimiento” es otro episodio cuestionable. Nació como un contrato para reparar vías, pero a pesar de que se recibieron equipos de la Gobernación, estos no han dejado huella visible en las calles.

Mientras tanto, millones de pesos se destinan a estudios y diseños para el estadio Luis A. Duque y las piscinas olímpicas: proyectos que, hasta ahora, parecen más promesas de campaña que realidades en ejecución.

Nepotismo y clientelismo: el poder en lo personal

Pero donde más se asemeja Girardot a la ficción mágica —y trágica— de García Márquez es en el manejo del poder desde lo personal.

No es un secreto en la ciudad: nombres conocidos aparecen en nóminas de secretarías clave sin concurso. Contratos de prestación de servicios se renuevan año tras año, sin licitación, bajo la lógica del “yo confío en él”, como si la gestión pública fuera un círculo de amigos más que una institución al servicio de todos.

En redes circula un video de la representante a la Cámara Alexandra Vásquez, en el que denuncia que la actual secretaria de Planeación de Girardot participó en contratos con el municipio en la obra del Parque del Futuro antes de ocupar su cargo.

Este hecho revive dudas sobre la línea que separa al contratista del funcionario público: ¿prioriza la administración la experiencia o las lealtades personales?

Un Concejo que aplaude, que no debate

Este clientelismo administrativo no solo socava la eficiencia, sino que alimenta la desconfianza. Mientras se anuncian “modernización” y “transparencia”, las decisiones siguen tomándose en la penumbra, entre recomendaciones personales y favores políticos.

La mala hora en Girardot - Audiencia pública en el Concejo de Girardot

En este contexto, el Concejo Municipal cumple el papel de un comité de aplausos. Cuando los funcionarios son citados, se limita a escuchar y dar autorizaciones al alcalde, evitando cualquier debate serio sobre la conveniencia o viabilidad de las propuestas, y mucho menos sobre el origen de los contratistas o la idoneidad de los funcionarios.

Mientras Girardot espera, Flandes y Ricaurte avanzan

Y mientras Girardot sigue prometiendo modernidad, proyectos estratégicos de largo alcance permanecen congelados. Uno de ellos es el aeropuerto regional en Flandes, anunciado hace años como una obra clave para posicionar a la región como eje turístico del Magdalena Medio. Hoy, Flandes ha tomado la delantera, y es la alcaldía de Girardot la que emprende campañas para pedirle al gobierno nacional que “tome cartas en el asunto”.

Mientras tanto, en temas de infraestructura básica con impacto directo en la salud y el medio ambiente, Girardot también queda rezagado. Ricaurte, municipio vecino de menor tamaño y población, ya cuenta con su Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), puesta en funcionamiento en 2023 con apoyo de la Gobernación de Cundinamarca y el Banco Mundial.

Aunque Girardot ha recibido recursos para estudios de viabilidad de una PTAR, la obra no ha salido del papel. Mientras Ricaurte avanza, Girardot sigue viviendo del discurso.

Girardot y su propia mala hora

En La mala hora, no hacen falta periódicos ni juicios para saber quién mató al gallo ni quién traicionó a quién. Basta con vivir en el pueblo para tenerlo claro: “Está en la conciencia de todos: las cosas no han cambiado”.

Aquí, en Girardot, también sabemos que las cosas no han cambiado.
Lo sabemos cuando vemos las obras paradas, los contratos sin control, los mismos nombres en los mismos puestos.
Lo sabemos.
Y aun así, callamos.

Girardot vive, así, su propia mala hora: con solicitud de licencias de construcción sin planear, obras sin terminar, contratos que se anuncian más que se ejecutan, y una administración que, en vez de rendir cuentas, parece confiar más en el silencio cómplice que en la rendición de cuentas.

Y mientras tanto, la ciudadanía asiste en silencio, como si la contradicción entre el discurso y la realidad ya formara parte del paisaje. Como si, al final, lo que importara no fuera la verdad, sino quién tiene el poder de contarla.

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