Girardot y la discontinuidad
Una reflexión sobre nuestra historia rota y lo que aún podemos reconstruir
Girardot está perdiendo su conexión con su historia y su gente. ¿Sabías que aceptar esa ‘discontinuidad’ podría costarnos la identidad colectiva y convertirnos en una ciudad sin memoria?
¿Qué es la discontinuidad?
La discontinuidad —como concepto filosófico— se refiere a la ruptura de una secuencia lógica o histórica. En palabras del filósofo Rafael Gutiérrez Girardot: “La discontinuidad consiste en que la negación de la continuidad, en que consiste la historia.”
¿Cómo la vemos hoy en Girardot?
Por décadas, Girardot y la discontinuidad han hecho de la ciudad escenario de incumplidos proyectos ambiciosos. Sin embargo, muchos de ellos se han convertido en símbolos de abandono, de falta de continuidad administrativa o de olvido institucional. Algunas obras que empiezan… y no terminan
- La Plaza de Mercado
- el Malecón
- la estación del Ferrocarril
- el centro Sacúdete
- el Parque Lineal
- la idea de convertir a la ciudad en “la Meca del Cine Nacional”
Estas comparten una historia común: comienzan con entusiasmo, pero hasta ahora ninguna llega a buen puerto.
Plaza de Mercado: restauración embolatada

La plaza de mercado de Girardot fue declarada Monumento Nacional desde 1993, el edificio diseñado por Leopoldo Rother es un ícono del modernismo colombiano. El Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) fue aprobado en 2020 y adoptado oficialmente en 2021. Este año se han anunciado inversiones, pero aún existen dudas sobre su verdadera restauración integral y funcional.
Malecón: un proyecto que se ahoga

La historia de Girardot está ligada al río. Desde 2014, Cormagdalena y la Alcaldía han prometido convertir la ribera del Magdalena en un espacio turístico y recreativo. Se firmaron convenios para los diseños con la Universidad Nacional en 2015. En 2017 se entregaron los diseños. Pero el Malecón nunca pasó del papel porque ningún mandatario ha solicitado a Cormagdalena la formulación del proyecto. Hoy, el río sigue bordeado de abandono, informalidad y riesgos ambientales.
Ferrocarril: patrimonio abandonado


La antigua estación del tren, con valor patrimonial incalculable, sigue esperando una inversión que la reactive. Mientras otras ciudades recuperan sus estaciones como espacios culturales, Girardot la mantiene mal utilizada, sin plan claro ni visión de largo plazo. Las vías en completo abandono y proyectos (parque lineal) que solo reflejan la ineptitud de nuestros gobernantes.
Sacúdete: un proyecto siniestrado

El centro Sacúdete CREA, diseñado para promover el talento de la juventud girardoteña, fue anunciado y contratado en 2021. Aunque en 2022 el Gobierno Nacional lo dio por inaugurado, el contrato fue siniestralizado tras incumplimientos de la firma contratista. Hoy, la infraestructura está inconclusa y abandonada.
La “Meca del Cine Nacional”: ¿realidad o eslogan?
Varios discursos políticos han querido posicionar a Girardot como epicentro del cine colombiano. Sin embargo, no existe un plan maestro, ni infraestructura, ni inversión pública seria que respalde esta visión. Una idea valiosa, pero aún sin raíces.
¿Qué nos falta?
La lista es larga: la PTAR sin comenzar siquiera, puentes caídos, vías en mal estado, impuestos altos, falta de empresas… y la cuenta sigue. Pero más que ideas o estudios, a Girardot le falta continuidad institucional. Cada alcalde quiere “su obra”, mientras las anteriores se abandonan como si fueran ajenas. No hay una hoja de ruta compartida, ni mecanismos de rendición de cuentas reales, ni presión ciudadana constante que exija terminar lo que se empieza. Apenas unos pocos veedores, muchas veces en soledad, luchan contra el despilfarro y el olvido.
Acciones: ¿Qué podemos hacer?
Aún hay tiempo para reconectarnos con nuestras raíces:
✅ Revivir espacios históricos con funciones culturales.
✅ Promover iniciativas ciudadanas que rescaten lo que somos.
✅ Exigir continuidad en políticas públicas más allá del gobierno de turno.
✅ Invertir en proyectos que fortalezcan nuestra identidad, no sólo en cemento.
Este no es solo un problema de gobiernos.
Es un llamado a la ciudadanía, a los medios, a los gremios.
¿Vamos a seguir permitiendo que Girardot viva de promesas rotas?
O, por el contrario, ¿empezaremos a construir una ciudad donde las obras se terminen, se usen y se cuiden?
“Reconstruir nuestra memoria es reconstruir Girardot. ¿Empezamos hoy?”
Muy claro el diagnóstico del oscuro panorama. Pero más claro aún el concepto de una ciudadanía adormecida por el arrullo del regalo de espejitos y promesas de puestos en la administración municipal. Esta sociedad debe despertar y exigir lo que le corresponde. Las personas no son vasallos de los servidores públicos. Es exactamente lo contrario, los servidores públicos son nuestros empleados.
Apreciado Mario, Gracias por su valioso comentario. Coincidimos plenamente en la necesidad de que la ciudadanía despierte de ese letargo cívico que tantas veces ha sido alimentado con favores, promesas de puestos o regalos simbólicos. Su reflexión nos recuerda que en una democracia verdadera no hay lugar para vasallajes. Los servidores públicos están llamados a cumplir un mandato ciudadano, no a perpetuar redes clientelistas ni a administrar silencios.
Este periódico seguirá insistiendo en que la dignidad ciudadana comienza por reconocer nuestro poder como sociedad. Y ese poder se ejerce, como usted bien lo expresa, exigiendo resultados, transparencia y continuidad en los planes de ciudad.
Muy buen reflejo de la administraciones ególatras y subidas en el poder temporal… Solo nos dejan pobreza, retazos y mayores endeudamientos. Nosotros, nada: nada de opinar ni tomar posiciones en beneficio común, cómo si todo estuviera bien y desde ya, estamos listos para dar el voto.
Hermana Piedad: Gracias por sus palabras, tan certeras como necesarias. Su comentario refleja el sentir de muchos ciudadanos que han visto pasar administraciones más preocupadas por su imagen que por el bien común. Gobiernos que confunden lo público con lo personal y dejan tras de sí más deuda que desarrollo, más promesas que logros.
Como bien dice, nos hemos ido acostumbrando al silencio, a no opinar, a no tomar postura, como si todo estuviera bien. Y mientras tanto, los que deberían servir, se sirven. Por eso este medio insiste en la urgencia de despertar: no podemos seguir votando por costumbre ni esperando milagros de quienes nunca escuchan.
Girardot necesita ciudadanía activa, crítica, vigilante. Sólo así, con participación real, se podrá construir una ciudad equitativa, inclusiva y sostenible, como lo proclama el plan de desarrollo… pero con hechos, no sólo palabras.